
Prólogo
a la NOVELA DEL SEÑOR
OSCAR SOLSONA
“1”
1
Ciertamente, es difícil empezar a hablar de una novela que no existe aún en su tiempo, señores lectores, pero yo vengo del futuro y lo sé todo. No quiero decir que sepa “todo”, en plan omnisciente, sino que lo sé “todo” del “1”. Tampoco es que sea Pitágoras, pero algo conozco, al menos, de la geometría del texto que me he ofrecido a prologar y que ustedes aún desconocen, porque en su época todavía se estaba escribiendo. Era el verano de 2009, recuerdo el calor que hacía y como se me pegaban las moscas mientras esto escribo (¿o escribía, entonces?).
Para explicar los derroteros del texto que nos ocupa y no irme por las ramas, habré de describir en primer lugar a su afamado autor, el señor Óscar Solsona. Era éste un hombre de gran talento narrativo, pero que no terminaba de adaptar su pluma a los cánones de lo que en esa época se definía como “novela” (que no recuerdo ahora cuáles eran). Por eso, el tal Solsona andaba como alocada por los veleidosos campos de las letras, en busca de una estructura y un contenido narrativos válidos para sus inquietudes.
Por aquel entonces, hacía tiempo que Solsona le daba de comer a Blog. Era éste un agradable animal mediático, de abundantes entradas y salidas, de fotos hermosas y poemas de fácil y rica lectura, en el que Solsona (junto a Pepe, Mariano y, los lunes, también Anay con acento en la ý) ponía todas las semillitas de su saber y de su preciosa vida, esperando –tal vez- que el animal, algún día, lo mirase a la cara y pronunciara el verdadero nombre de la bestia.
He de añadir que ese nombre debía haber sido mencionado en “1”, aunque sólo para lectores que leyesen de una forma muy determinada. Para el resto, “1” contendría “otros” nombres. Que siempre tendremos donde elegir, porque de todo hay en la viña del señor (de cuyo nombre no logro acordarme). El final no lo voy a desvelar.
Y como me vuelvo a ir por las ramas, me veo en la necesidad de escupir lo importante: que Blog era el animal que albergaba una de las primeras pistas que Solsona siguió, finalmente, al estructurar su “novela”. Ya lo decía Blog: “Solsona es un gran autor… de novelas por entregas”.
Y, sí, así era como este escritor sabía abrirle paso a su alma en el lenguaje, con sus coditos. Y como mejor sabía enseñar su alma al resto de la gente.
Por eso “1”, en su encarnación, en su estructura original, fue una novela por entregas. En estos tiempos del futuro, la hemos conocido como un texto unitario, condensado y rítmico, un texto que afortunadamente es más que la suma de todas sus partes (luego vive). Pero, en su formación, fue dado a luz y publicado paso a paso, como cualquier novela de caballerías.
2
Por cierto, que el término “novela de caballerías” nos lleva a la segunda pista que nos puede permitir comprender a “1”. Porque este libro, queridos lectores de mi pasado, nos habla del “caminar” de algunos caballeros andantes, quijotescos, y únicos; de su paso por los páramos y paisajes de una época y lugar concretos (2009, El Prat de Llobregat y otros lugares de la piel de toro); de su perspectiva única e intransferible de las cosas; de su comprensión de éstas, y de su intento por compartir esa comprensión.
En “1”, un hombre de antaño se afanó por transmitir las vivencias aparentemente sencillas de lo cotidiano, de la misma manera que estas vivencias habían ido siendo contadas en Blog, ese animal que en realidad era un prisma, un cubito de caldo con caras muy nutritivas.
Blog continuó su andadura en “1” para tratar de extenderse, de entregar algo más de información a sus visitantes, para ir más allá en su propia forma de ser, imaginamos que para procrear. ¿O estábamos hablando del señor Solsona? Ya me pierdo, mi discurso es un lodazal, discúlpenme, lectores y lectoras, es este calor del verano de 2009.
Pero sigamos desentrañando el tema del “1”. Que no es leve la cosa ni lívida ni lacia. Sino un tema muy sustancioso, como todo caldo que se precie, puesto que es por los números por los que conocemos la música de las esferas. Y a eso vamos. De eso va la tercera pista: de “escuchar”.
3
Sería de una falsedad insultante no reconocer que el que escucha, a menudo, lo hace “en secreto”. ¿Qué tendrá que ver esto que acabo de escribir con “1”? Pues no tengo ni idea. Sólo me dejo ir y espero que el libro me hable. Entretanto, yo lo escucho en una habitación vacía y solitaria. En esta actitud de escucha permanente, el escuchante se transforma en el ojo del mundo.
Más allá de esta retórica pedante que a veces utilizo para no decir mucho, debo admitir que yo también adolezco de esa enfermiza tendencia a escuchar en secreto. Por eso, me encantó y me atrapó “1”: porque a través de él pude conocer al otro –escuchar su ritmo de vivir-, sin que él me viese.
La novela entregada paso a paso tiene esa capacidad de llenar el vacío de la cotilla que, en realidad, sale poco de su casa y cuyo universo no es mayor que el de una maceta. Volvemos a la metáfora del cubito de caldo: cierto es que mi vida es sustanciosa pero –aparte del humor, el pavor y el cariño-, ¿hay algo que llene más el tedioso acontecer cotidiano que un cotilleo bien relatado?
Escuchar en silencio cómo los protagonistas quijotescos de “1” se adentraban en el rítmico acontecer de sus vidas por entregas permitiéndome asomarme a ellas en cada capítulo un poquito más, dejándome oír como discurrían sus mentes y los hechos que les acontecían, consiguió que me entretuviera durante un verano –el de 2009- más de lo que yo hubiera imaginado.
Es principalmente por esta razón que osé escribir el prólogo para un libro que, en el tiempo en el que ustedes viven, nadie más que yo conoce, ni siquiera Solsona, y que, sin embargo, algún día llegará a ser muy importante.
Para acabar con el tema de mis escuchas cotillas –de las que en realidad no me siento nada responsable- he de decir que entré aún más fácilmente en las entregas de “1” de lo que cabría esperar, gracias a un exhaustivo preentrenamiento en el cotilleo, de varios meses de duración, que consistió en visitar prácticamente a diario a Blog.
4
Para otro prólogo dejaré la cuestión de qué genero literario están produciendo estas páginas webs a cada momento actualizables y con las que –como escritora- no me acabo de sentir muy cómoda, pero que he de reconocer que como lectora me apasionan (escucharos, en secreto…) Es algo que me pregunto a menudo, incluso ahora, varios años más tarde, tras la explosión y expansión de Blog.
Pero dejemos las reflexiones seniles para los jóvenes y nosotros dediquémonos a lo esencial: entornar los ojos para ver mejor lo que parece lejos. Y no es miopía, sino verdadero interés.
Esto veo acercarse: una mesa de billar con un “1” pintado en blanco con borde negro en todo el centro del tapete. La portada no me dice nada. Entorno aún más los ojos. Entonces, mirando tras esa pradera de césped, comprendo lo que tiene que venir, a medida que paso las hojas.
Se reúnen en este libro las inquietudes de Solsona y sus queridos fans y amigos por ir más allá de Blog, y por generar una estructura algo más extensa, con más enjundia, un pastoso caldito cocido con la mejor de las carnes. No es que no nos hayamos sentido satisfechos con lo hecho hasta ahora, no es eso, es, simplemente, la curiosidad: hasta donde llegaría una historia por entregas. Es tratar de darle coherencia narrativa a lo cotidiano.
En mi humilde opinión, creo que lo cotidiano no alberga mucha coherencia, pero de humanos es buscársela a todas las cosas y eventos. Igual que lo es la risa histérica o el humor afilado. No lloremos más, alguien nos cuenta el significado de las cosas que no tienen significado alguno – o al menos poquito- . Así pasamos por la Tierra dignificando nuestro paso. Gracias a poetas como Óscar Solsona y a su esfuerzo por seguir con el “1”, y en el 1 ver al otro, y a todo el que se asome por allí.
5
Harta ya de desbarrar, bastante acalorada, acudiré a una cita del autor de “1” para tratar de decir algo interesante acerca de la novela. Óscar Solsona escribió en una ocasión sobre este libro: “va de un hombre que cuenta cosas. antes, ha jugado con ellas como un malabarista con sus tres, cinco, siete aros...”
Debéis notar, queridos lectores, que éste es el mejor resumen que podía haberse hecho sobre el texto, mucho mejor que mi abigarrado prólogo. Desde una perspectiva crítica, Solsona nos da ya en él algunas de las claves de su libro futuro (para mí, pasado).
En primer lugar, en “1” el hombre que cuenta es el mismo que escribe –autor es igual a protagonista, tal vez, identificación de Solsona con su personaje-. Por otro lado, según nos confiesa Solsona, el hombre que relata inicia su historia después de haber “visto”, de haber reunido cierta experiencia, después de vivir durante un tiempo como un malabarista de los hechos que le acontecieron.
Sin duda, hermosa introducción, para una novela que goteó sobre la pantalla de un ordenador. No quería hablar de esto de los géneros, pero ya en 2009 se respiraba un cambio importante: descubrimos que podíamos redactar nuestro universo y modificarlo a diario, compartirlo con otros al instante, conocer las respuestas de los otros e intercambiar en segundos cualquier resultado que en aquel momento considerásemos valioso, fruto de nuestros propios malabarismos.
En resumen, que empezamos a compartir nuestras interpretaciones de la realidad de una forma hasta ahora inexistente. No se había dado una situación igual de novedosa para la cultura desde… ¿la invención de la imprenta?
De nuevo me voy por las ramas. Queridos lectores, sólo me queda decirles que esta bella introducción de Óscar Solsona sobre “1”, tan transparente y cristalina, al igual que la novela en sí, quedarán mucho mejor explicadas en la lectura del libro que nos ocupa o, mejor aún, en su vivencia. Experimentarlo hará nítido el secreto mejor guardado de la obra (lo escucho aquí y ahora, pero es un secreto que debo respetar para el autor).
Desde aquí les lanzo, por tanto, mi más sincera recomendación para que se animen a leer “1”, una novela que conocí en 2009 y que, por una conmoción espacio-temporal, ha vuelto a mí desde el pasado para que la prologue. Pueden imaginar la magia que contiene.
Aquel año yo aún era joven, perdía el tiempo con elucubraciones seniles muy similares a las desplegadas en este prólogo. Pero, a veces, de milagro, conseguía darle cierto sentido a mi paso por la Tierra.
Yaiza Martínez
Ciertamente, es difícil empezar a hablar de una novela que no existe aún en su tiempo, señores lectores, pero yo vengo del futuro y lo sé todo. No quiero decir que sepa “todo”, en plan omnisciente, sino que lo sé “todo” del “1”. Tampoco es que sea Pitágoras, pero algo conozco, al menos, de la geometría del texto que me he ofrecido a prologar y que ustedes aún desconocen, porque en su época todavía se estaba escribiendo. Era el verano de 2009, recuerdo el calor que hacía y como se me pegaban las moscas mientras esto escribo (¿o escribía, entonces?).
Para explicar los derroteros del texto que nos ocupa y no irme por las ramas, habré de describir en primer lugar a su afamado autor, el señor Óscar Solsona. Era éste un hombre de gran talento narrativo, pero que no terminaba de adaptar su pluma a los cánones de lo que en esa época se definía como “novela” (que no recuerdo ahora cuáles eran). Por eso, el tal Solsona andaba como alocada por los veleidosos campos de las letras, en busca de una estructura y un contenido narrativos válidos para sus inquietudes.
Por aquel entonces, hacía tiempo que Solsona le daba de comer a Blog. Era éste un agradable animal mediático, de abundantes entradas y salidas, de fotos hermosas y poemas de fácil y rica lectura, en el que Solsona (junto a Pepe, Mariano y, los lunes, también Anay con acento en la ý) ponía todas las semillitas de su saber y de su preciosa vida, esperando –tal vez- que el animal, algún día, lo mirase a la cara y pronunciara el verdadero nombre de la bestia.
He de añadir que ese nombre debía haber sido mencionado en “1”, aunque sólo para lectores que leyesen de una forma muy determinada. Para el resto, “1” contendría “otros” nombres. Que siempre tendremos donde elegir, porque de todo hay en la viña del señor (de cuyo nombre no logro acordarme). El final no lo voy a desvelar.
Y como me vuelvo a ir por las ramas, me veo en la necesidad de escupir lo importante: que Blog era el animal que albergaba una de las primeras pistas que Solsona siguió, finalmente, al estructurar su “novela”. Ya lo decía Blog: “Solsona es un gran autor… de novelas por entregas”.
Y, sí, así era como este escritor sabía abrirle paso a su alma en el lenguaje, con sus coditos. Y como mejor sabía enseñar su alma al resto de la gente.
Por eso “1”, en su encarnación, en su estructura original, fue una novela por entregas. En estos tiempos del futuro, la hemos conocido como un texto unitario, condensado y rítmico, un texto que afortunadamente es más que la suma de todas sus partes (luego vive). Pero, en su formación, fue dado a luz y publicado paso a paso, como cualquier novela de caballerías.
2
Por cierto, que el término “novela de caballerías” nos lleva a la segunda pista que nos puede permitir comprender a “1”. Porque este libro, queridos lectores de mi pasado, nos habla del “caminar” de algunos caballeros andantes, quijotescos, y únicos; de su paso por los páramos y paisajes de una época y lugar concretos (2009, El Prat de Llobregat y otros lugares de la piel de toro); de su perspectiva única e intransferible de las cosas; de su comprensión de éstas, y de su intento por compartir esa comprensión.
En “1”, un hombre de antaño se afanó por transmitir las vivencias aparentemente sencillas de lo cotidiano, de la misma manera que estas vivencias habían ido siendo contadas en Blog, ese animal que en realidad era un prisma, un cubito de caldo con caras muy nutritivas.
Blog continuó su andadura en “1” para tratar de extenderse, de entregar algo más de información a sus visitantes, para ir más allá en su propia forma de ser, imaginamos que para procrear. ¿O estábamos hablando del señor Solsona? Ya me pierdo, mi discurso es un lodazal, discúlpenme, lectores y lectoras, es este calor del verano de 2009.
Pero sigamos desentrañando el tema del “1”. Que no es leve la cosa ni lívida ni lacia. Sino un tema muy sustancioso, como todo caldo que se precie, puesto que es por los números por los que conocemos la música de las esferas. Y a eso vamos. De eso va la tercera pista: de “escuchar”.
3
Sería de una falsedad insultante no reconocer que el que escucha, a menudo, lo hace “en secreto”. ¿Qué tendrá que ver esto que acabo de escribir con “1”? Pues no tengo ni idea. Sólo me dejo ir y espero que el libro me hable. Entretanto, yo lo escucho en una habitación vacía y solitaria. En esta actitud de escucha permanente, el escuchante se transforma en el ojo del mundo.
Más allá de esta retórica pedante que a veces utilizo para no decir mucho, debo admitir que yo también adolezco de esa enfermiza tendencia a escuchar en secreto. Por eso, me encantó y me atrapó “1”: porque a través de él pude conocer al otro –escuchar su ritmo de vivir-, sin que él me viese.
La novela entregada paso a paso tiene esa capacidad de llenar el vacío de la cotilla que, en realidad, sale poco de su casa y cuyo universo no es mayor que el de una maceta. Volvemos a la metáfora del cubito de caldo: cierto es que mi vida es sustanciosa pero –aparte del humor, el pavor y el cariño-, ¿hay algo que llene más el tedioso acontecer cotidiano que un cotilleo bien relatado?
Escuchar en silencio cómo los protagonistas quijotescos de “1” se adentraban en el rítmico acontecer de sus vidas por entregas permitiéndome asomarme a ellas en cada capítulo un poquito más, dejándome oír como discurrían sus mentes y los hechos que les acontecían, consiguió que me entretuviera durante un verano –el de 2009- más de lo que yo hubiera imaginado.
Es principalmente por esta razón que osé escribir el prólogo para un libro que, en el tiempo en el que ustedes viven, nadie más que yo conoce, ni siquiera Solsona, y que, sin embargo, algún día llegará a ser muy importante.
Para acabar con el tema de mis escuchas cotillas –de las que en realidad no me siento nada responsable- he de decir que entré aún más fácilmente en las entregas de “1” de lo que cabría esperar, gracias a un exhaustivo preentrenamiento en el cotilleo, de varios meses de duración, que consistió en visitar prácticamente a diario a Blog.
4
Para otro prólogo dejaré la cuestión de qué genero literario están produciendo estas páginas webs a cada momento actualizables y con las que –como escritora- no me acabo de sentir muy cómoda, pero que he de reconocer que como lectora me apasionan (escucharos, en secreto…) Es algo que me pregunto a menudo, incluso ahora, varios años más tarde, tras la explosión y expansión de Blog.
Pero dejemos las reflexiones seniles para los jóvenes y nosotros dediquémonos a lo esencial: entornar los ojos para ver mejor lo que parece lejos. Y no es miopía, sino verdadero interés.
Esto veo acercarse: una mesa de billar con un “1” pintado en blanco con borde negro en todo el centro del tapete. La portada no me dice nada. Entorno aún más los ojos. Entonces, mirando tras esa pradera de césped, comprendo lo que tiene que venir, a medida que paso las hojas.
Se reúnen en este libro las inquietudes de Solsona y sus queridos fans y amigos por ir más allá de Blog, y por generar una estructura algo más extensa, con más enjundia, un pastoso caldito cocido con la mejor de las carnes. No es que no nos hayamos sentido satisfechos con lo hecho hasta ahora, no es eso, es, simplemente, la curiosidad: hasta donde llegaría una historia por entregas. Es tratar de darle coherencia narrativa a lo cotidiano.
En mi humilde opinión, creo que lo cotidiano no alberga mucha coherencia, pero de humanos es buscársela a todas las cosas y eventos. Igual que lo es la risa histérica o el humor afilado. No lloremos más, alguien nos cuenta el significado de las cosas que no tienen significado alguno – o al menos poquito- . Así pasamos por la Tierra dignificando nuestro paso. Gracias a poetas como Óscar Solsona y a su esfuerzo por seguir con el “1”, y en el 1 ver al otro, y a todo el que se asome por allí.
5
Harta ya de desbarrar, bastante acalorada, acudiré a una cita del autor de “1” para tratar de decir algo interesante acerca de la novela. Óscar Solsona escribió en una ocasión sobre este libro: “va de un hombre que cuenta cosas. antes, ha jugado con ellas como un malabarista con sus tres, cinco, siete aros...”
Debéis notar, queridos lectores, que éste es el mejor resumen que podía haberse hecho sobre el texto, mucho mejor que mi abigarrado prólogo. Desde una perspectiva crítica, Solsona nos da ya en él algunas de las claves de su libro futuro (para mí, pasado).
En primer lugar, en “1” el hombre que cuenta es el mismo que escribe –autor es igual a protagonista, tal vez, identificación de Solsona con su personaje-. Por otro lado, según nos confiesa Solsona, el hombre que relata inicia su historia después de haber “visto”, de haber reunido cierta experiencia, después de vivir durante un tiempo como un malabarista de los hechos que le acontecieron.
Sin duda, hermosa introducción, para una novela que goteó sobre la pantalla de un ordenador. No quería hablar de esto de los géneros, pero ya en 2009 se respiraba un cambio importante: descubrimos que podíamos redactar nuestro universo y modificarlo a diario, compartirlo con otros al instante, conocer las respuestas de los otros e intercambiar en segundos cualquier resultado que en aquel momento considerásemos valioso, fruto de nuestros propios malabarismos.
En resumen, que empezamos a compartir nuestras interpretaciones de la realidad de una forma hasta ahora inexistente. No se había dado una situación igual de novedosa para la cultura desde… ¿la invención de la imprenta?
De nuevo me voy por las ramas. Queridos lectores, sólo me queda decirles que esta bella introducción de Óscar Solsona sobre “1”, tan transparente y cristalina, al igual que la novela en sí, quedarán mucho mejor explicadas en la lectura del libro que nos ocupa o, mejor aún, en su vivencia. Experimentarlo hará nítido el secreto mejor guardado de la obra (lo escucho aquí y ahora, pero es un secreto que debo respetar para el autor).
Desde aquí les lanzo, por tanto, mi más sincera recomendación para que se animen a leer “1”, una novela que conocí en 2009 y que, por una conmoción espacio-temporal, ha vuelto a mí desde el pasado para que la prologue. Pueden imaginar la magia que contiene.
Aquel año yo aún era joven, perdía el tiempo con elucubraciones seniles muy similares a las desplegadas en este prólogo. Pero, a veces, de milagro, conseguía darle cierto sentido a mi paso por la Tierra.
Yaiza Martínez